Presentación

San Pedro, fotografía Eneko Astigarraga

 

A medio camino entre el Pirineo y la Ribera, la Valdorba guarda en sus rincones la esencia del medievo.

El tiempo parece haberse detenido en calles empedradas, corrales de sillarejo y tejados de lajas. Al enfilar las carreteras del valle se tiene la sensación de escapar del mundo y, sin embargo, para sorpresa del viajero, esta comarca navarra de sabor recóndito se encuentra a cuatro pasos de Pamplona y a otros tantos de lugares tan visitados como Olite o Ujué.

Integrada por pequeños núcleos de población, la saludable tranquilidad que se respira en sus aldeas ha ido atrayendo gentes nuevas que, restaurando casas y recuperando parte del patrimonio común, han ayudado a devolver al entorno algunos signos de su antigua solera. El ambiente apacible de la Valdorba no esconde las huellas de pasados turbulentos.

Territorio disputado entre los reyes de Navarra y los árabes, lugar de templarios, atajo de peregrinos, sus bosques sirvieron de escondrijo en la guerra de la Independencia y las campañas carlistas a las partidas que lanzaban desde ellos sus escaramuzas.